[Infomoc] Los precedentes de la paz en OrientePróximoJIMMY CARTER

Mikel mkl en jet.es
Mie Dic 26 18:23:42 CET 2001


Los precedentes de la paz en Oriente Próximo
JIMMY CARTER


A pesar de que continúa la violencia y los líderes de Israel y Palestina 
parecen mostrarse tan categóricos como incompatibles, la historia nos 
demuestra que en Oriente Próximo no es imposible avanzar hacia la paz. 
Durante los 30 años anteriores a 1978 se habían producido miles de muertos 
en ambos bandos, en el transcurso de cuatro guerras entre israelíes y árabes.
El presidente Anuar el Sadat, el prominente dirigente árabe, dedicó toda su 
carrera política y militar a la destrucción de Israel. Por su parte, al 
primer ministro Menahem Begin, como líder que fue del grupo guerrillero 
Irgun Zvai Leumi, fue considerado por muchos como un terrorista, 
responsable de la muerte de 96 personas en el atentado que su grupo llevó a 
cabo en 1946 contra el Hotel Rey David. Más adelante, y como jefe del 
partido Herut, Begin siempre insistiría en que entre los dominios israelíes 
se debían incluir todas las tierras al oeste del río Jordán, además de 
otros importantes territorios pertenecientes a Jordania.
Sin embargo, estos dos líderes, tan personalmente incompatibles, fueron 
capaces de acudir a Camp David en 1978 y llegar a unos determinados 
acuerdos, cuyos términos aprobarían oficialmente los parlamentos de ambas 
naciones poco tiempo más tarde. Uno de los elementos básicos de dichos 
acuerdos era la aceptación por parte de Israel de retirar sus fuerzas tanto 
políticas como militares de Gaza y Cisjordania. Los palestinos disfrutarían 
de una autonomía total bajo la autoridad de un Gobierno propio, libremente 
elegido por la población de los mencionados territorios de Cisjordania y 
Gaza, Gobierno que debería participar, desde unos términos de igualdad 
absoluta, en futuras negociaciones.
Egipto, como nación árabe dominante que era, se comprometió a intercambiar 
embajadores con una pacífica Israel, a condenar los boicoteos económicos y 
a normalizar también otros tipos de relaciones, como, por ejemplo, el 
permiso para el paso sin restricciones de barcos israelíes a través del 
Canal de Suez.
Además de todo esto, Begin, por su parte, se comprometió a detener los 
asentamientos de sus colonos en los territorios ocupados hasta que se 
alcanzara un acuerdo final respecto de los mencionados compromisos de Camp 
David. Seis meses más tarde, en abril de 1979, se firmó un tratado de paz 
formal que acababa con las disputas directas que existían entre Egipto e 
Israel. Desde entonces y hasta la fecha, no se ha violado ni una sola 
palabra de dicho tratado.
Un compromiso crucial entre ambas partes era el respeto a la Resolución 242 
de las Naciones Unidas que había sido aprobada por Estados Unidos e Israel 
en noviembre de 1967 y que obligaba a la retirada de las fuerzas armadas 
israelíes de los territorios ocupados durante la guerra de 1967, así como 
al reconocimiento de la soberanía e integridad territorial de todos los 
estados de la región y de su derecho a vivir en paz dentro de unas 
fronteras reconocidas y seguras, libres de cualquier amenaza o acto de fuerza.
Tras la guerra del Yomm Kippur de octubre de 1973 se adoptó, de forma 
unánime e inmediata, otra resolución posterior, la Resolución 338. En ella 
se hacía un llamamiento al cese de las hostilidades y a la implementación, 
con carácter inmediato, de la Resolución 242, además del inicio de las 
negociaciones necesarias para el establecimiento de una paz justa y duradera.
En septiembre del año 1982, el presidente estadounidense Reagan confirmaba 
que los acuerdos de Camp David seguían siendo la base de la política 
norteamericana en relación con Oriente Próximo.Ronald Reagan añadía: «La 
postura que mantiene Estados Unidos es que a cambio de la paz se proceda a 
la retirada de las actuales posiciones tal como se previene en la 
Resolución 242 y que sea de aplicación para todos los frentes, incluyendo 
los de Gaza y Cisjordania». Su manifestación final era clara: «El 
compromiso de Norteamérica con la seguridad de Israel es total».
En 1993, y sin la participación de ningún mediador norteamericano, un grupo 
noruego ayudó a negociar un acuerdo palestino israelí que, en orden a poder 
mantener una coexistencia pacífica, preveía la retirada gradual de Israel 
de los territorios ocupados y unas posteriores negociaciones para resolver 
los temas relativos a la delimitación de las fronteras definitivas, el 
control de la ciudad de Jerusalén y el retorno (o la debida compensación) 
de los palestinos que vivieran en el exilio. Todo ello llevó a la libre 
elección de dirigentes palestinos en 1996 y a un acuerdo de paz entre 
Israel y Palestina.
El posterior recurso a la violencia no ha cambiado en absoluto ninguno de 
los asuntos básicos que tienen que afrontar los líderes de Israel, 
Palestina, de otras naciones árabes y de Estados Unidos.El pasado mes, el 
secretario de Estado Colin Powell ponía de manifiesto la postura 
estadounidense actual respecto a Oriente Próximo cuando afirmaba:
«Los líderes palestinos deben poner fin a los actos de violencia, acabar 
con la incitación a la comisión de los mismos y a preparar a su pueblo para 
los severos compromisos que tiene que afrontar.Todos los implicados dentro 
del mundo árabe deben dejar claro de manera inequívoca, a través de sus 
propios actos, su aceptación de Israel y su compromiso para con un acuerdo 
negociado». Israel, por su parte, debe poner fin a la ocupación, en 
consonancia con los principios que se recogen en las Resoluciones 242 y 338 
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y aceptar la existencia de 
un Estado palestino viable en el que los palestinos puedan decidir su 
propio futuro en su propia tierra y vivir en paz, con dignidad y seguridad».
El secretario Powell afirmó también: «La buena noticia a este respecto es 
que existe el marco adecuado para hallar una solución al conflicto. Se basa 
en los principios centrales de las Resoluciones 242 y 338 del Consejo de 
Seguridad de las Naciones Unidas, principios que se fundamentan en el 
concepto de paz por territorios».
Independientemente de lo que pudiera ocurrir, no hay forma de evitar la 
aplicabilidad, internacionalmente apoyada, de estas resoluciones, que 
enfatizan «el carácter inadmisible de la adquisición de territorios por 
medio de la guerra y la necesidad de trabajar para alcanzar una paz justa y 
duradera en la que todo Estado de la región pueda vivir en condiciones de 
seguridad».
Un requisito previo para establecer la paz es que las partes antagonistas 
sean conscientes de que la buena fe de unas negociaciones es siempre 
preferible a la persistencia de la violencia. Cuando de nuevo llegue el 
momento de ello, que yo creo que llegará inevitablemente, los parámetros 
básicos para cualquier negociación ya estarán establecidos. Al igual que en 
1978 y 1993, una mediación equilibrada puede inducir a concesiones mutuas 
voluntarias, y de forma tal que, ambas partes, viviendo en paz, puedan 
legítimamente reclamar la victoria para sí.
Jimmy Carter, ex presidente de EEUU, auspició los acuerdos de Camp David en 
1978.