[Infomoc]La democracia, amenazada José Vidal-Beneyto
Mikel
mkl en jet.es
Lun Dic 31 02:01:44 CET 2001
La democracia, amenazada
José Vidal-Beneyto
El País
Imagínense ustedes un país en el que el poder ejecutivo central logra
someter a su arbitrio a las cámaras legislativas y en el que construye una
estructura judicial al servicio de sus intereses; en el que el jefe supremo
decide en solitario a quién hay que matar y organiza de forma retribuida
esa matanza; en el que los medios de comunicación justifican la tortura
como un mal menor y necesario; en el que la vida económica gira en torno de
la maquinaria militar y de sus soportes tecnológicos; en el que se suprimen
todas las garantías de que suelen disponer los acusados cuando se les
juzga; en el que la legislación reserva a determinadas minorías étnicas un
trato gravemente discriminatorio.
Es dificil describir una forma más acabada de autocracia y, sin embargo, se
trata de Estados Unidos de América. Ya que el USA Patriot Act, votado a
finales de septiembre, ha puesto en manos del presidente las principales
atribuciones del Congreso y del Senado, no sólo en materia de seguridad,
sino también de comercio y otros sectores, como la creación por la
presidencia de una justicia paralela, gracias a la ley patriótica del
ministro de Justicia, John Ashcroft, le permite detener y encarcelar por
tiempo indefinido a cualquier inculpado, sin que pueda recurrir a la
asistencia de un abogado y por el solo hecho de ser originario de Oriente
Próximo, a lo que se añade el establecimiento de tribunales militares, que
se rigen por procedimientos secretos y sumarísimos, susceptibles de
condenar a muerte por mayoría simple y destinados a juzgar a extranjeros
sospechosos de terrorismo. Bush ha abrogado también la decisión que
prohibía a la CIA asesinar a dirigentes extranjeros, ha facilitado la lista
de los líderes talibanes a suprimir y ha fijado la cuantía de la recompensa
por su muerte, a la par que el secretario de Defensa, Rumsfeld, ha
decretado que no quiere talibanes prisioneros, sino muertos (¿cuántos hasta
ahora?). De igual manera, el Newsweek del 5 de noviembre, y el comentarista
Tucker Carlson de la CNN, legitiman el recurso a la tortura como medio de
ganar la guerra contra el terrorismo, y las empresas Lockheed-Martin,
Rayhteon, Boeing, etcétera -todas tan próximas a la actual Administración
americana-, exigen que el presupuesto del Pentágono supere los 320.000
millones de dólares -más de lo que representan los presupuestos militares
de todos los enemigos potenciales de Norteamérica- si se quiere acabar con
Osama Bin Laden y sus secuaces.
Lo que lleva a la conclusión de que los peores enemigos de un sistema y de
unos valores son sus heraldos cuando cambian de bando. De aquí que un
editorialista tan republicano de derechas como Willian Safire nos hable en
The New York Times del pasado 15 de noviembre de que estamos en una
situación de dictadura, lo que corrobora Chalmers Johnson al afirmar que
'este golpe de Estado militar larvado está transformando el país en una
nación de delatores'.
En realidad, Bin Laden está consiguiendo lo que pretendía: destruir desde
dentro el mundo democrático. Para ello ha tenido la extrema habilidad de
proveer al núcleo más reaccionario y belicista de la clase dirigente
americana de las razones que necesitaba para lograr su más preciado
objetivo: establecer un Estado de Seguridad Nacional. Los hombres de Reagan
y Bush Sr, los gestores político-militares de la segunda guerra fría
(1975-1989) -Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Armitage, Libby, Negroponte,
Kelly...- han encontrado por fin en Al Qaeda y el terrosimo el enemigo que
les faltaba, la justificación guerrera que andaban buscando desde la caída
del muro de Berlín. Ahora, de lo que se trata es de magnificarla y de
hacerla durar. Por eso, el presidente Bush, y sus acólitos nos prometen una
lucha global, una guerra sin límites espaciales ni temporales. El
vicepresidente, Richard Cheney, ya nos ha advertido de que la cruzada
antiterrorista puede durar más que los 40 años de la guerra fría. Esas
dramáticas amenazas se ven reforzadas por una política exterior
antidemocrática, que se niega a suscribir cualquier convenio que conduzca a
un orden mundial basado en los derechos humanos y en la justicia, y que, en
cambio, concede patente de corso a las matanzas sistemáticas en Chechenia,
Palestina, Tíbet... ¿Existen alternativas? Muchos creemos que sí.